Sobre CASABIERTA

Somos una iniciativa para atender a la población de defensores y activistas de derechos humanos en Movimientos Sociales y ONGs en Centroamérica.

Nos conocimos en Costa Rica, en una reunión de refugiados, que habían salido de sus países debido a la persecución política, amenazas, hostigamiento e intento de asesinato. Algunos se acogían al recurso de refugio, otros solo querían ser oídos por su caso y también había algunos que querían justicia por lo que había pasado en sus países.

Los muchachos de Honduras eran líderes de la diversidad sexual que habían trabajado en su organización hasta que mataron a varios de sus líderes y solo tuvieron tiempo para llamar a sus madres y decirles que salían a otro país. Habían perseguidos de Guatemala, por ser testigos de casos de homicidios y limpieza social, que habían sido amenazados de muerte debido a los juicios a exmilitares en su país.

Los de Nicaragua habían logrado visibilidad en los movimientos sociales y los grupos de diversidad sexual por lo que el gobierno opto por eliminar sistemáticamente sus fondos, perseguir a los defensores de derechos y deportarlos.

Coincidimos en que muy pocas personas se habían acercado a ayudarnos. Unos por miedo o por insensibilidad, temor o varias emociones que pasan cuando sistemas totalitaristas deciden eliminar adversarios físicamente. La gente tiene miedo y el miedo hace crear una parálisis psicológica y, más tarde, social.

Luego nos pusimos a conversar en que se sentía ver morir a los amigos, como se siente tener que salir de su país sin nada más que lo que se tiene puesto, el trauma de enfrentar soledad y el temor, los cambios que tiene la personalidad con el estrés postraumático, como se siente ser perseguido y como se corrió riesgo de la vida. Teníamos historias de dolor y violencia, así como se vive actualmente en Centroamérica.

Como siempre hay ángeles en el camino. Conocimos a Ana Cecilia Jiménez y a su equipo del Centro de Amigos para La Paz quienes nos acompañaron, nos asesoraron y nos dieron su tiempo para oírnos y consolarnos. Eso fue lo que nos convenció de la larga tradición democrática de Costa Rica y de su historia en la que acogió a muchos migrantes perseguidos por dictaduras, huyendo de guerras civiles o escapando de las amenazas del crimen organizado.

Tenemos un lugar especial para aquellas personas que nos han ayudado a buscar un lugar donde vivir, nos han llevado alimentos, nos han participado de su familia. Así también tenemos otro gran espacio para las personas que desde nuestros países se han ocupado para ubicarnos y saber de nuestra situación. A ellos no los olvidaremos fácilmente.

Nuestras historias y nuestros caminos se habían juntado para hacer algo. Inmediatamente formamos el equipo de la Comunidad Casabierta, convocamos a muchas personas y organizaciones que comprendían la importancia de ver los casos de refugio, asilo, persecución, derechos vulnerados y otros temas que nos afectaban. Golpeamos muchas puertas y tuvimos muchas reuniones, hasta que logramos convencer a algunos cooperantes que se puede hacer un proyecto desde la libertad de asociación y derechos a la vida.

Aquí nos tienen, buscando respuestas y soluciones para evitar que otros defensores, activistas y líderes sean perseguidos y eliminados por denunciar o pensar diferente. Nos une la intolerancia en nuestros países y la esperanza en un mundo mejor.


Somos una Casabierta.

Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua