Testimonios

William Hernández (El Salvador)

Nació el 13 de mayo de 1971 en San Salvador (El Salvador). Es el secretario regional de CONGA, Coalición Centro Americana de ONG´s de la Diversidad Sexual y es el director de la organización salvadoreña Entre Amigos. (Fuente: " Movimientos sociales de Diversidad Sexual en Centroamerica", Centro de Estudios Internacionales-CEI-Nicaragua,2013) 

En su infancia William vivió primero con sus padres y luego con sus abuelos, quienes le transmitieron “principios fundamentales como la solidaridad, el respeto a los adultos, la dignidad de los seres humanos”. Es bisexual y bromea con que las personas que trabajan en cooperación internacional le dicen que se defina.

Sin embargo el proceso de entender y aceptar su condición sostiene que fue “difícil”, ya que sufrió el abuso sexual y psicológico de un sacerdote desde los 14 años hasta los 17 años. A los 15 años fue padre de dos gemelas, “o sea que estaba preparado para conocer una relación heterosexual pero cualquier otra cosa no lo consideraba una relación sexual y, lamentablemente, por los tabúes de los adultos no estaba preparado a responder si alguien me tocaba el cuerpo y actué bajo influencia de la religiosidad”.

William escapó de la Iglesia y evitó al cura que lo persiguió varios meses. Entre los 17 y los 21 años se pasó “trabajando y teniendo sexo con casi cualquier persona que se me pusiera frente”, recuerda y afirma que lo sentía como una manera de desquitarse por la violencia que ejercieron en él. En esos años “conocí el sida de frente, muchas de las personas con las que tuve sexo sin protección están muertas”.

En ese período su relación con sus hijas fue difícil y asegura que las palabras que le dijo un cura franciscano lo marcaron: mientras no te aceptes como una criatura creada por Dios con cualidades y defectos nunca vas a ser feliz.

Un fin de año la madre de sus hijas se las llevó y “pasé un 31 de diciembre solo, lo que en El Salvador es grave”, comenzó a llorar mucho, “sentí que yo no era lo que muchos creían e incluso lo que yo creía. Al día siguiente me levanté relajado y tranquilo, terminé la relación en que estaba”. Se fue tres días a lo de su abuela y decidió iniciar una relación con un amigo, con el que llevo 20 años de vivir juntos. Esa persona es Joaquín Cáceres, un activista por los derechos humanos, a quien en 1994 por teléfono le informaron de su diagnóstico de VIH positivo y le dijeron que se iba a morir. Fue un golpe duro para ambos y generó que William se enrolará en la organización Fundasida que trabajaba para prevenir el VIH y que integraba un grupo de hombres gay.

Eran años de “mucha persecución a dirigentes políticos”, recuerda. Agrega que a Fundasida, se le consideró un blanco político, robaron las oficinas, buscaron al director para asesinarlo y una vez se llevaron el expediente del grupo Entre Amigos “con 80 nombres, direcciones y teléfonos y empezaron a llamar uno por uno diciéndoles que iban a limpiar a El Salvador de sidosos y se identificaban como uno de los escuadrones de la muerte”. El grupo se dividió pero tiempo después resurgió.

William participó en un proyecto que consistía en elegir 25 mil nombres de víctimas de violaciones a los derechos humanos en El Salvador de un total de 100 mil casos, para ser escritos en el monumento a las víctimas del conflicto armado en ese país. Cada caso debía cumplir ciertos criterios, como tener una denuncia formal, las opiniones favorables del staff de abogados de una comisión de derechos humanos creada y una conclusión en que esta comisión decía si a esa persona se le violaron los derechos humanos. Dice que esa tarea lo sensibilizó profundamente en cuanto a derechos humanos.

 

Entre los miles de expedientes, encontró uno que tenía solo su hoja de denuncia y su hoja de resolución, que decía este caso no completa los requerimientos para determinarse una violación de los derechos humanos. William rememora que la historia que contenía la relataba un muchacho gay, que contó que cada vez que un batallón militar bajaba de la montaña recogía a las trabajadoras sexuales y trans que había en la zona, a quienes obligaban a tener sexo con los cientos de miembros de la tropa y luego las trabajadoras sociales tenían que pagar para que las dejaran salir vivas de los cuarteles.

Pero en junio de 1984, 16 personas en su mayoría trans, no salieron con vida del lugar. Fueron asesinadas, desmembradas y lanzadas a una zona que se conoce como El playón. Creyeron que una de las víctimas estaba muerta, no la mutilaron y la tiraron con el cuerpo completo; vivió y contó la historia a la Comisión de Derechos Humanos, pero sus abogados determinaron que eso no era un crimen político y por lo tanto no una violación a los derechos humanos, relata William.

Tras este suceso, William, Joaquín y otros de sus compañeros de Entre Amigos decidieron hacer la primera marcha del orgullo, el 28 de junio de 1997, conmemorando el XIII aniversario de esa masacre.

Actualmente Entre Amigos es un referente de la comunidad en El Salvador y cuando hay que capacitar personal de un ministerio o alguna actividad relacionando a gobierno y sociedad civil es muy común que se llame a la organización para hacerlo. “Casi siempre es gratis, porque el gobierno no quiere comprar nuestros servicios, pero aquí hay que tomar decisiones, si queremos que poco a poco el estigma de la discriminación disminuya también tenemos que aportar”, dice William.

William no olvida que desde el año 1999 hasta el 2007 su vida y la de otros miembros de Entre Amigos estuvieron en peligro. “Tuve guardaespaldas desde el año 2001 al 2005 por tres intentos de asesinato y múltiples amenazas de muerte, puesto que en los crímenes que se cometieron contra mujeres transgénero entre los años 1999 y 2001 estuvieron vinculados muchos militares de alto rango”, señala.

Entre los avances, señala el poder hablar públicamente de la temática LGTB “sin que la gente frunza su cara y diga vienen estos otra vez” y las mejoras en cuanto a la seguridad. Acota que entre los políticos y los ministerios también hay avances.

Las hijas de William tienen 24 años y su hijo menor 8, cuando habla de ellos su tono de voz cambia y se nota el entusiasmo y cariño que le genera mencionarlas. “Tengo todas las bendiciones de los dioses heterosexuales, creo que no se dieron cuenta que soy bisexual”, dice sonriendo.“Me dieron trabajo, salud, reconocimiento político en público y me han dado una familia muy ampliada”, comenta. “Todo el mundo sabe que soy bisexual nadie lo desconoce, pero políticamente mucha gente me reconoce como un hombre gay”, añade.

Entre 1998 y 2001 William se acercó al pensamiento de monseñor Oscar Romero, un reconocido activista de los derechos humanos asesinado por un escuadrón de la muerte en 1980. “Es un activista de mi corazón, en esas fechas empecé a entender el discurso de monseñor Romero, quien hablaba de aquellas personas que no tienen voz, de los reprimidos, de los niños, los masacrados. Entonces empecé a ver que el discurso de Romero estaba vigente, la diferencia era que habían cambiado las víctimas 30 años después de su asesinato”.

Además del activismo y la paternidad, William estudia Derecho. Pero señala que no quiere ser abogado:“Yo quiero trabajar en la creación de políticas públicas y eso es más complicado que ser abogado. Y lo otro es que quiero ser un político de carrera, como manera de poder construir un bienestar colectivo para los y las salvadoreñas, independientemente de su orientación sexual. Que estemos dentro del pastel donde se reparte, esa es la única manera de poder incidir y lo hemos logrado en los lugares donde tenemos un representante incidiendo en que las cosas cambien políticamente para la comunidad”.

Para William, “gays, lesbianas, trans y bisexuales debemos de construir nuestras relaciones basadas en valores, en el respeto, la confianza y principalmente el amor para garantizar que independientemente de con quien yo decida estar, sea una relación placentera y que construya y fortalezca mi vida como ser humano”. Saluda y vuelve a estudiar.

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