Prensa escrita

Paramilitarismo el Ebola de la Democracia

Carlos Ariñez Castel*

Sea en una favela brasileña, un tugurio de Honduras o un barrio popular en Managua fuente para organizar paramilitares/parapoliciales es un acto simbólico. El mensaje es claro: ´Te doy poder, tú usas la fuerza, y yo te digo contra quien´. Hay una epidemia de conformismo y miedo, y un virus de violencia que está incubando en Nicaragua.

Hace un año pase un proceso injusto de deportación a cargo del gobierno de Nicaragua, después de una llamada intimidatoria de la Secretaria de Comunicación y Ciudadanía de la Presidencia, y que fue denunciado al Centro Nicaraguense de Derechos Huanos (CENIDH) como un caso de persecución política.

Lo inusual de mi deportación fue el uso de personas de civil, sin uniforme ni identificación,  en el hostigamiento, acoso, detención y deportación del país. Civiles, que daban órdenes a funcionarios de Migración y Policía que parecían tener un poder total de la situación.

En mi deportación aparecieron dos: uno que vestía con la camiseta del FSLN, que parecía no importarle el compromiso del partido en el acto abusivo o que quería dejarlo por sentado, y otro, que era un rígido y pequeño militar, con un corte romano, y que usaba el tipo de lenguaje guerrero como: tenemos el objetivo, nos desplazamos por ruta planificada y otras frases de la jerga militar.

Nunca me enseñaron papeles, nunca se identificaron y sin embargo fueron ellos autores materiales del robo de los papeles que fui a enseñar a las oficinas de migración, teléfono, computadora y mis identificaciones usadas en Nicaragua.

Recuerdo el cinismo del paramilitar pues, ya en el lado costarricense pedí su nombre y me dijo: “usted no me conoce”. Solo vi alejarse la camioneta de migración, dejándome sin un documento, dinero en el bolsillo, ni a quien acusar. Lo que quedo todavía como una incógnita es porque ningún policía o personero de Migración hablo o tuvo un papel relevante en este caso. ¿Fue un operativo militar o uno policial?  No lo sé.

Presencia paramilitar

Los paramilitares tienen muy mala fama en Latinoamérica pues son los ejecutores sin conciencia de las ideologías dominantes, de los dictadores de turno y de los que ejercen el poder sin escrúpulos.

Están en la vida civil muchos que en Guatemala pasaron del paramilitarismo al sicariato, paseándose por los partidos políticos o los grupos criminales pues para lo que saben hacer, intimidar o matar, no se necesita educación solo antecedentes delictivos.

En Colombia se han desarmado a 31.000 paramilitares quienes servían a grupos de autodefensa, a narcotraficantes o a ejes de militares extremistas y son responsables de muertes que aun hoy no se han aclarado.

En el Salvador y Honduras las maras o delincuencia organizada es un hecho que muchas autoridades no pueden superar y los mismos militares los usan para eliminar la oposición política, periodistas y homosexuales como forma de limpieza social.

En Nicaragua existen indicios alarmantes de uso de civiles armados cuando vemos como libres e impunes -frente de la policía uniformada- grupos armados y organizados pueden golpear a jóvenes y ancianos, amenazar de muerte, robar autos, computadoras y teléfonos siendo la Policía cómplice presencial.

El paramilitarismo es la mano invisible del totalitarismo, comienzan con juventudes fanáticas, -como en la Alemania nazi- que aparecen con el sueño de dar dignidad a una nación, pasan al discurso de la superioridad del partido, el pensamiento único y más tarde como una policía civil llena de prerrogativas y  discrecionalidad.

Investigaciones impunes

Hace una semana comencé a leer como se está trabajando con los operativos en el caso de la masacre del 19 de julio donde se denuncia atropellos de gente civil, donde se allanan casas sin órdenes judiciales y amenazan de muerte a las personas que son familiares de los buscados y luego secuestrados. Más de lo mismo.

El paramilitarismo y el uso de civiles para actos delictivos son base para los juicios extrajudiciales, la tortura, la amenaza y el terror. En Nicaragua los signos son impresionantes, se usan estos mecanismos para sembrar miedo.  

¿Podemos señalar a los culpables? ¿Podemos identificar a los autores de esta violencia protegida? ¿Y si alguna vez pasan por un proceso judicial, se limitaran a decir que cumplían órdenes? ¿Cuánta responsabilidad tiene personas que son pagadas para golpear e intimidar? ¿Cuán responsable es un militar que se viste de civil para ejercer un poder fuera de las normas judiciales?  ¿Debemos subordinarnos ante la presencia de civiles armados que no se identifican? ¿Es posible que la técnica del miedo pueda vencer nuestros derechos humanos? ¿Somos cómplices de impunidad al no actuar contra estos actos? ¿Se debe llamar terrorismo de Estado el uso de personal civil, militar y policial para frenar movimientos sociales, líderes sociales, grupos organizados? ¿Es posible hacer periodismo bajo amenazas de civiles armados?

El paramilitarismo es el ébola de la democracia, comienza como un caso irresuelto y termina infectando a toda la población sin saber de dónde viene y a dónde va. Hay un virus de violencia en  Nicaragua  y una epidemia de conformidad y miedo en la población.

 

* Es comunicador y trabaja con movimientos sociales.

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